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M A U R I C I O B O R E Z S T E I N
"T A T O B O R E S"


B I O G R A F I A

Nacido como Mauricio Borensztein el 27 de abril de 1927, se convirtió en el hombre más conocido de la televisión argentina vestido de frac, usando una peluca, lentes de marco negro y sosteniendo un habano entre sus dedos. El personaje Tato Bores fue el que durante cuatro décadas se puso frente a las cámaras para que sus inteligentes comentarios sobre la actualidad llegaran a los televidentes. Antes había formado parte de programas radiales, había hecho cine, teatro y también participado del varieté con Carlos Perciavalle.
Los primeros pasos en el humor político los dio luego de la caída de Juan Domingo Perón. Un día Alfredo Barbieri le pidió que viajara a Montevideo, donde conducía un programa de televisión, y así realizó con éxito su debut en los monólogos.

Hasta que en 1992 dejó de realizar Tato de América y se alejó de la televisión, supo acompañar los cambios políticos del país desde su mirada irónica y sus comentarios sagaces.

A poco de terminar su ciclo televisivo, en junio de 1992, Bores no hizo el programa uno de los domingos por la enfermedad de su esposa Berta. Bracelli compartió una última entrevista con él, en la que Tato iba en contra de la máxima del espectáculo de que el show debe continuar y se arrepentía de haber dejado pasar muchos momentos familiares por su carrera. “Mirá, voy a confesarte algo: yo en mi vida de actor hice grandes macanazos. No flores de revoluciones sino flores de cagadas. No estoy nada orgulloso de eso ¡y no me da la gana volver a repetirlo! Esto de que el espectáculo debe continuar, ¿quién corno lo inventó? Seguro que lo inventaron los patrones del espectáculo. Invento macabro, sin duda”.

Unas semanas antes, la jueza María Romilda Servini de Cubría había logrado que prohibieran a Tato, quien la había nombrado en el sketch del programa en el que interpretaba al investigador Helmut Strass. Ante el acto de censura previa, los personajes más reconocidos del momento se reunieron para entonar el inolvidable “La jueza Barú Barú Budía es lo más grande que hay”. Un Mario Pergolini de pelo largo, Julián Weich, Nicolás Repetto, Luis Alberto Spinetta, Darío Grandinetti, Mariano Grondona y Magdalena Ruiz Guiñazú, entre otros disímiles participantes, repitieron la estrofa rodeando a Tato, conformando una imagen que se oponía a la censura y mostraba el apoyo incondicional hacia el hombre de frac y peluca.

Tato Bores significó mucho para la pantalla chica de Argentina, a tal punto que se adueñó por completo de las noches de los domingos. Siempre destilando su punzante astucia despojada de cualquier tipo de soberbia, supo ganarse su lugar entre los televidentes. El hombre que en cada programa fingía hablar con el presidente de turno, fuera quien fuese, acompañado de grandes libretistas siempre logró utilizar al máximo todo su potencial humorístico para transformar -en reiteradas oportunidades- la realidad muchas veces trágica. Autor de la Historia no escrita de la Argentina, queda flotando la pregunta a la que nadie puede dar respuesta; qué habría dicho Tato este domingo, qué sabroso diálogo telefónico habría tenido con el Presidente, quién habría sido el invitado para el mudo brindis o para la tallarinada. Amplios pasajes de sus célebres monólogos están aún vigentes y todavía parece resonar en el vacío de la T.V. una y otra vez su voz despidiéndose:

"Por eso, mis queridos orejones del tarro, no se descuiden, no le den la espalda a nadie, ni se agachen si ven una moneda en el suelo, porque estamos viviendo en una época en donde los rengos le ganan a los avestruces. Así que a seguir laburando, atenta la neurona, vermouth con papas fritas y ¡good shoW!