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En di-s confiamos


La crisis argentina y la ruptura de la convertibilidad nos hace preguntarnos por qué una moneda que valía un dólar y era aceptada como tal, de pronto pierde abruptamente su valor y –dado que nuestros salarios están en pesos- nos empobrece a todos.

La respuesta está en el dólar. Si nos fijamos con cuidado, en el reverso del billete norteamericano está la clave de cualquier política monetaria que se quiera aplicar en cualquier país del mundo: In God We Trust o lo que es igual, En Dios Confiamos.

Estados Unidos de América, como paradigma del capitalismo, dio con la clave desde hace unos doscientos años. Cualquier acción, plan o programación económica necesita de la confianza de los participantes del sistema para ser efectiva. Por eso cuando la confianza se ha evaporado, de nada sirven los planes a aplicar y la economía tiene que volver a la linealidad: Debo gastar menos de lo que ingresa.

Y en la baraja argentina aparecen cientos de cartas, mezclas de políticas monetarias –aquellas que regulan todo lo concerniente al dinero- y fiscales –las que hacen lo propio pero basándose en la estructura impositiva- en un abanico difícil de entender debido a que se habla de efectos y medidas que se encuentran en las antípodas: dolarizar –o lo que es lo mismo, anular directamente el tipo de cambio-; convertibilidad en canasta de monedas –traducido como tipo de cambio fijo y convertible-; tipo de cambio fijo no convertible –el famoso 1,40 de devaluación que es igual a despertarse y decir Hoy va a llover porque yo tengo ganas de que así sea-; o tipo de cambio flotante, con flotación sucia –es decir que cuando el dólar está muy alto, el Banco Central vende de sus reservas hasta que no le quede nada con el fin de bajar el valor-. Ya no hablemos de flotación limpia –sin intervenciones del Banco Central- que desde siempre fue un estudio absolutamente teórico de la economía como podrían ser los mercados de competencia perfecta.

Sin embargo cuando abrimos el diario y vemos que se le dice a la gente que el dinero del corralito se le va a devolver en uno, tres o cinco años y que se habla de qué política monetaria aplicar, y se invita a participar a ministros de economía de países amigos y a famosos catedráticos de las mejores universidades, uno tiende a preguntarse por qué nadie habla de la economía de la casa, en donde no puedo gastar durante diez años más de lo que gano porque en algún momento nuestro prestamista nos dirá que -Basta ya... es suficiente.

Y cuando lo único que nos queda es confiar en Dios, porque en nadie más podemos hacerlo, es necesario empezar por lo simple y sencillo antes de encaminarnos en cuentos de hadas que proponen soluciones en donde nadie pierde. En este sentido el estado, cuya naturaleza es función de la sociedad, tiene que estar a la vanguardia de la restauración de la confianza demostrando que puede ser austero y vivir con lo que recauda, para que no sea solamente Dios, quien confíe en nosotros.