Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Prepararse para la inflación


El dinero no es un bien como cualquier otro. Es un representante del conjunto de todos los bienes, ya que con él podemos comprar lo que se nos de la gana.

Pero sabemos que esto no es del todo cierto. El dinero gana o pierde valor frente a otras monedas y eso se traduce simplemente en que un billete servirá para comprar mayor o menor cantidad de bienes según la fortaleza de la moneda. Uno de los factores que resultan determinantes en la pérdida del valor de una moneda es la inflación. Veamos como se genera la inflación y por qué caminos los papeles que tenemos en el bolsillo pueden depreciarse más.

El papel moneda, como cualquier bien, tiene una oferta y una demanda. La oferta es la cantidad que el Banco Central le dice a la Casa de Moneda que imprima y haga circular. Una de las formas más sencillas de hacer circular moneda es la siguiente: cuando un Estado se encuentra en permanente déficit, y se apela a producir billetes para pagar los salarios de sus empleados. A esto se le llama emisión; no es otra cosa que un aumento de la oferta de dinero. En el otro lado de la ecuación tenemos la demanda de papel moneda. Y los que demandamos somos todos nosotros, que utilizamos esos papelitos para pagar nuestros consumos.

Mientras la ecuación está en equilibrio funciona perfectamente. La demanda es igual a la oferta y por tanto la gente toma el dinero que el estado tiene circulando. Los problemas empiezan cuando alguien altera esta igualdad. Las inflaciones de los años ochenta estaban generadas por la emisión constante del estado para paliar su déficit, sin embargo si miramos la ecuación, vemos que se puede desequilibrar tanto por un aumento en la oferta como por una caída en la demanda. Y el efecto será el mismo: inflación.

La demanda de un billete depende grandemente de la confianza de la gente en la moneda. Para comprobar esto bastará que nos preguntemos si preferimos guardar nuestros ahorros en coronas checas o en dólares norteamericanos. Entonces debemos pensar muy bien y ver que el peso argentino no está pasando por su mejor momento de idilio con nosotros. Después del corralito y la devaluación, la relación del público con el peso parece ser la de una pareja a punto de divorciarse. Si hasta ahora no ha ocurrido es únicamente porque la recesión de cuatro años ha evitado esta situación.

La recesión, de todos los shocks posibles de una economía, es el más fuerte. Basta recordar que fue lo único que jaqueó seriamente al sistema capitalista allá por el año 1929. Pero tampoco todo lo puede: si queremos cuidar nuestro dinero en estos días debemos prestar atención a dos cosas: que el estado no emita demasiado y a si tus compañeros de trabajo y tus amigos se sacan rápidamente los pesos de encima o no les molesta mantenerlos en sus bolsillos.

De lo contrario nos pescará distraídos la inflación, y como dice el tango el puchero estará tan alto que habrá que usar el trampolín.